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Juliaca, ¿tierra de linchamientos?

Hombre murió quemado por confusión

Publicado: 2015-01-19


El día en que lo iban a matar, Feliciano Itusaca llevaba un arma de fuego. El martes 13 de enero a las 11:30 pm, Feliciano regresaba a su casa en un mototaxi. A una cuadra de su casa, tuvo un altercado con el conductor del mototaxi, salió del mototaxi, cuando el conductor empezó a recriminarle, Feliciano soltó disparos al aire. El asustado conductor pidió ayuda a otros conductores mototaxistas y a los vecinos de la urbanización Tambopata, terminando en lo que al día siguiente sería la portada de los diarios: “empresario muere quemado por confusión”

El arma descubrió al hombre afirma constantemente Marco Aurelio Denegri. ¿Acaso Juliaca está llena de pobladores furibundos que aprueban los linchamientos?¿Por qué la justicia popular es consentida? La semana pasada caminaba por la urbanización Tambopata, a 25 minutos del centro de la ciudad. Para llegar debes caminar un buen trecho o puedes tomar una combi que recorre la malhadada avenida Huancané, donde se observa un hospital general, lubricentros, carteles de pollerías y farmacias. Llego a la urbanización Tambopata, todo parece un día normal, las combis pasan por la pistas quebradas, sortean los vaches, los mecánicos continúan empeñados en su labor, las viejas señoras sentadas en sus tiendas de abarrotes. Curiosamente, pregunto y no encuentro comisaria cercana, ni carros de policías. Un farmaceútico me dice que los policías solo vienen a cobrar a los carros en falta.

Evidentemente la presencia del Estado en la urbanización Tambopata, y a lo largo de la avenida Huancané es tímida y exigua, tiene un hospital olvidado, asfalto quebrado, y mucho polvo. En la ciudad más grande de Puno, los pobladores consienten en castigar a los delincuentes, ladrones, violadores, porque la justicia no les llega, entre otras cosas. Entonces si alguien muere en manos de la justicia popular sea ladrón o no ¿estaría justificado? Desde luego que no. Ensañarse, asesinar con crueldad es la parte más abominable del ser humano. Hace cuatro años, unas cuadras más atrás, el hijo de un fiscal murió asesinado por confusión también. El poblador de Juliaca, desconfiado desde hace mucho, no enfrenta adecuadamente, la inestabilidad y la ausencia del Estado. Pero lector, no intento ahuyentarte de los juliaqueños, trabajadores y emprendedores. En Juliaca debemos combatir con nuestros propios demonios: las turbas envalentonadas.

Una de las peores armas del ser humano es el consentimiento de las muertes, esa arma inmaterial nos descubre crueles y sanguinarios. El martes pasado ofrecimos la peor lección de convivencia, respondimos a la violencia con mucha más violencia, quien disparó erró, quienes atacaron se equivocaron mucho peor. El problema merece muchas más líneas, pero en estas pocas, enfatizo que debemos corregir uno de nuestros comportamientos ciudadanos para que no ocurra otra vez. Por lo tanto, si ves una turba envalentonada por las calles de tu ciudad, no le huyas, colócale cabeza fría, a riesgo de ser linchado, escribo con el temor de ser linchado algún día en la esquina del mercado donde vivo. Nos deja la duda de saber, qué tipo de justicia popular queremos, cómo la reglamos o acudir al tantas veces citado Estado, quien debería actuar pronto. 


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Columna de cultura, política y otras ficciones.